Kwaichang Kráneo es el nombre artístico de uno de los autores más singulares que colabora con Malaka. Inquieto, incansable en la búsqueda de nuevas formas de narrar historias, y sobre todo creativo. Una creatividad deslumbrante que no se limita a la creación de nuevas historias, sino que se expande a cómo las cuenta. Queremos que Kráneo, en profundidad, nos hable un poco de sí mismo como artista.
Es muy difícil ser dibujante profesional… ¿Es mucho más difícil ser dibujante en Argentina?
No conozco mucho más allá de Argentina, pero por las noticias que tengo no creo que sea más difícil aquí que en España. Ser dibujante profesional, cobrar por nuestro trabajo, es difícil, pero más difícil todavía es vivir del dibujo. Muy pocos son los que pueden hacerlo. Por lo general se vive de actividades que están en las cercanías: ilustración, diseño, requeridas las más de las veces por esa cosa de suprema fealdad que es la publicidad.
Ya se sabe que Internet ayuda mucho en ese sentido. Los trabajos que yo hice para el exterior, o mi relación con Malaka se pudieron concretar a través de Internet. Es una herramienta que yo, que vivo en la Patagonia, lejos incluso de un centro generador de posibilidades como lo es Buenos Aires, tengo que aprovechar.
¿Que diferencias ves entre el cómic argentino y otros, como puedan ser el americano o el europeo?
En décadas pasadas hubo una personalidad muy marcada de la historieta argentina, es cierto y es bueno mantener esa variedad de miradas y de sensibilidades por el aporte de riqueza que eso significa para el medio. En EEUU, Italia o Francia, España o Japón, en mayor o menor medida existe una industria editorial, lo que hace que puedan desarrollarse modos y narrativas propias que dependen de distintas particularidades según el país, modos culturales, estructuras editoriales, individualidades artísticas, el gusto del público y muchos factores más. Cuando la industria editorial desapareció en Argentina, los creadores de historietas tuvieron que adaptarse a otros mercados para sobrevivir, es decir, hablarles a públicos en mercados con tendencias y gustos propios. La comunicación del historietista argentino con el lector argentino se cortó. No estoy seguro de que la historieta en esta parte del mundo haya podido mantener una marcada personalidad propia sin ésta comunicación. Existen los grandes monstruos que ya marcaron para siempre tendencias y voces argentinas, Nine, Altuna, Sampayo, Oswal, los Breccia, Trillo, Mandrafina, Muñoz por mencionar solamente los que más suelo tener en la cabeza. La desaparición de la revista Fierro, allá por el 93, me parece que marca el final de una época.
Pero por otra parte aquí nunca se dejó de dibujar historieta, siguieron apareciendo nuevos artistas aunque no existiesen los medios donde publicar. Ahora que la cosa camina un poco mejor, hay que ver qué sale de todo esto. Me parece que la vuelta a los kioscos de Fierro y el surgimiento de otras publicaciones es una señal de esperanza, yo al menos quiero verlo así.
Siempre se pregunta por las influencias artísticas. Nosotros vamos a preguntarte sobre los cómics que te gustaría crear.
Me gustaría crear historietas que se puedan leer muchas veces, que impacten y seduzcan a primera vista por los dibujos, pero que también con el transcurso de la lectura el dibujo desaparezca y la historia atrape, y luego se pueda volver a releerla y volver a mirar un poco mejor los dibujos, releerla de nuevo y encontrar otros niveles de sentido o cosas que se habían pasado por alto, y así… Incluso que se encuentren cosas que yo no creía haber puesto. Si alguna vez llego a dibujar algo así voy a estar demasiado feliz.
Eres un dibujante persistente. Has creado tus series y tiras y las has colocado online, pese al miedo que existe entre ciertos artistas profesionales a ese medio. ¿Es más fuerte la pulsión de contar historias que la creación para el mercado?
Por un lado el mercado es lo que hace posible que uno se dedique a contar historias y, si tiene suerte, viva de eso. Pero en primer lugar, desde el lugar del creador es una forma de mantenerse sano y cuerdo, uno tiene que hacerlo. Y como un relato no es tal hasta que llega a alguien que lo reciba, poner las historietas online es el canal más rápido en la actualidad para cerrar ese círculo. Es un medio que tiene sus particularidades, como por ejemplo que al no haber editor, uno expone sin excusas ante el público lo que uno quiere hacer y obtiene una respuesta casi inmediata.
Comencé a publicar online gracias a la invitación de dos historietistas amigos a los que se les ocurrió un blog de historietas autobiográficas: Fran López y Fede Reggiani, ahí empezó todo. Hoy en día este proyecto Historietas Reales, se ha transformado en una verdadera revista online que no sólo publica autobiografía sino que además ficción y varias historietas inclasificables. Desde el 2006 se publican en el blog dos o tres historietas por día. Si trabajar cuatro años dibujando casi 400 páginas de pornofurrys para EEUU me proporcionó entrenamiento, trabajar para Historietas Reales me exigió y me entrenó mucho más en planos más profundos.
Sorprendentemente a un editor de Argentina le ha interesado editar los trabajos de nuestro blog luego publicar el material que estaba online, porque no es todavía lo mismo leer en un monitor que leer en la cama, en el baño, sentado en la playa o donde quieras. El papel sigue siendo el soporte más cómodo. Y tenemos un público que sigue el blog al que le gusta releer y poder coleccionar esas historietas impresas.
Tu estilo ha evolucionado desde una línea clara y cerrada a un trazo suelto y vigoroso. No ha sido un cambio paulatino, sino que decidiste hacerlo así de repente. ¿A qué se debe ese cambio?
Yo creo que no fue tan de repente, lo que ocurre es que a veces los cambios comienzan a niveles no perceptibles fácilmente. Pero estaba en un atascamiento, en una crisis. El año pasado dibujé y redibujé mil veces 14 páginas de un proyecto propio que por alguna razón no me convencían. Básicamente lo que buscaba era una manera de entintar, de texturar. Me parecía que todo lo que hacía era correcto pero frío y estático. La línea clara es hermosa pero para manejarla hay que ser un virtuoso del dibujo y tener una elegancia suprema, Moebius, Chaland, Hergé son maestros absolutos en ese estilo y lo han llevado hasta sus últimas consecuencias, sobre todo Moebius, Dios absoluto. Yo sentía que me estaba quedando a medio camino, encima en un camino que no era el mío.
Por otra parte desde hacía unos años venía reviendo con creciente admiración el trabajo de los clásicos del comic yanqui: Will Eisner, Alex Raymond, Alex Toth, Milton Caniff, que tenían esa vitalidad envidiable, esa seguridad en el manejo de las masas de negro, la gracia del trazo del pincel sin amaneramientos, pero no encontraba la forma de unirla a ese otro costado que me gustaba, más geométrico, pulido y moderno (Bruce Timm, Adam Hughes…) y a los europeos que ya mencioné, que fueron mis ídolos. Un ejemplo de estilo moderno y clásico es por ejemplo Jordi Bernet, que es maravilloso.
Pero a mí la revelación de cómo hacerlo me llegó con Paul Pope, su dibujo sí que tiene una fuerza y una contundencia que vienen de esas raíces, reinterpretadas. Sí, creo que todas esas influencias americanas y europeas estaban unidas en Pope de una manera que me abrió la cabeza. Entendí porqué mi uso del pincel me dejaba insatisfecho y cómo podía hacerse para abandonar mi estancamiento. Y también descubrí sorprendido que mi estilo se acercaba bastante a un gran maestro argentino del cual leí mis primeras historietas: Oswal. Lo redescubrí, sobre todo aquellas primeras historietas más clásicas como Sónoman. Así que fui soltando el pincel. Tantos años de educar mi mano para un trazo perfectamente modulado me permitían ahora soltarme con mucha confianza, porque la soltura tiene un límite, hay que saber detenerse. No me gusta que las formas se rompan demasiado, pero quiero permitir que la línea fluya con menos control, o aprovechar los accidentes del pincel, y siento que puedo hacer eso ahora, me parece que aflojando un poco el control, gané en dominio de la herramienta.
Cuesta distinguir entre los trabajos “comerciales” que haces (eróticos, héroes, etc), con esas historias tan profundas, llenas de poesía, que creas cuando trabajas tus propios guiones. ¿Hay dos Kráneos?
No no, apenas son funcionamientos distintos. Cuando el trabajo es más “comercial” lo que se me pide es cumplir un propósito definido que es dibujar el guión del autor de la manera más profesional posible y dentro de determinados parámetros. En esos trabajos soy un “lápiz alquilado” puede decirse, mis decisiones estéticas se centran en conseguir el mejor trabajo posible mi parte en la creación es contar lo mejor posible la historia basándome en un guión. Cuando tengo la libertad o la responsabilidad de contar una historia por mi cuenta desde cero o cuando trabajo con un guionista involucrándome en otros niveles, ahí ya tengo que encontrarle la vuelta a la cosa para lograr las dosis de entusiasmo que uno necesita para pasarse horas y horas en soledad delante de un tablero sin tener en vista otra recompensa (al menos inicialmente) que la misma realización de nuestra historieta.
Hay trabajos intermedios, como por ejemplo la página dominical que hicimos con Diego Agrimbau para el diario Perfil, donde uno intenta trabajar profesionalmente pero con suficiente libertad como para intentar, dentro de los parámetros de lo que se pide, crear algo que satisfaga el gusto personal.
Háblanos de “El Cuervo Que Sabía”, la serie que estás publicando online.
“El cuervo que sabía” es una historieta de ciencia-ficción, un género que en cierta forma ha sido parte de mi educación. Aprovecho que no tengo restricciones de ninguna clase para permitirme contarla de modo verosímil y a la vez artificioso, siendo que la historieta es uno de los medios más artificiosos de contar una historia. Me aburren un poco las convenciones que delatan al género, pero por otro lado me gusta mover las historias en ese terreno genérico, para tranqulizar o defraudar al lector un poco, ponerlo algo incómodo, no demasiado porque es un riesgo, la línea entre sorprender y aburrir, intrigar o desorientar a veces es muy fina. Intento pensar en el aspecto y el funcionamiento de ese mundo futuro intentando apagar el piloto automático que intenta decirme qué aspecto debe tener porque ya lo hemos visto mil veces en la televisión, el cine, o en los mismos comics.
Creo que en el futuro (si la humanidad llega a sobrevivir a su propio éxito como especie) no seremos los mismos, ni en nuestra manera de pensar ni de ver el mundo, así como el hombre del pasado vivía en un universo diferente al nuestro. No puedo trasplantar personas ni héroes motivados por las razones de nuestro mundo en un remoto futuro. Es un juego, tampoco es que esté intentando predecir nada. Hace rato que la ciencia-ficción no intenta predecir nada. Creo que en vez de eso lo que hace es contar historias usando una clase de metáforas muy fuertes para la imaginación de cualquiera llevándolas al extremo: ¿Qué es más extremo que la soledad del espacio? ¿Qué es más extremo que encontrar una consciencia no-humana? Se pueden poner en acción cuestiones muy perturbadoras de una manera directa.
Tengo un panorama bastante claro de lo que sucede en mi historia, pero los detalles cambian y se transforman porque la publicación semanal es como folletinesca y el estado de ánimo, lo que haya pasado en la semana, el azar, influyen. Tengo un escenario y una historia en la cabeza, pero me resisto a explicar todo de entrada, prefiero que se explique a medida que avanza el relato, hay tiempo. De esa manera yo también voy ajustando los distintos elementos, dejando que se cocinen y transformen en esa especie de sopa primordial que tengo en la cabeza. No quise empezar situando al lector, diciéndole en qué año del futuro nos encontramos y cómo se ha llegado al estado de cosas que muestro. Me gustaría que lo vaya descubriendo, tampoco quiero confundirlo, más bien invitarlo a arriesgarse un poco. Me gusta imaginar que en un futuro que nos podrá parecer horrible o no, se podrá ser tan feliz o desdichado como en este tiempo que nos toca vivir ahora, en otras formas y por otros motivos.
Página oficial de Kwaichang Kráneo
Blog personal (con El Cuervo que Sabía)












